Luis Rafael Ruiz González

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ADICCIONES

La característica esencial de la dependencia de sustancias consiste en un grupo de síntomascognoscitivos, comportamentales y fisiológicos que indican que el individuo continua consumiendo la sustancia, a pesar de la aparición de problemas significativos relacionados con ella. Existe un patrón de repetida autoadministración que a menudo lleva a la tolerancia, la abstinencia y a una ingestión compulsiva de la sustancia. La dependencia se define como un grupo de tres o más síntomas, que aparecen en cualquier momento dentro de un mismo período de 12 meses. Tolerancia es la necesidad de recurrir a cantidades crecientes de la sustancia para alcanzar la intoxicación (o el efecto deseado) o una notable disminución de los efectos de la sustancia con su uso continuado a las mismas dosis. La abstinencia es un cambio de comportamiento desadaptativo, con concomitantes cognoscitivos y fisiológicos, que tiene lugar cuando la concentración en la sangre o los tejidos de una sustancia disminuye en un individuo que ha mantenido un consumo prolongado de grandes cantidades de ésa sustancia.

El sujeto puede expresar el deseo persistente de regular abandonar el consumo de la sustancia. En algunos casos habrá un historial previo de numerosos intentos infructuosos de regular o abandonar el consumo de la sustancia, (DSM IV, manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales).

Existe un amplio soporte científico que avala la eficacia de las técnicas psicológicas en el tratamiento de la drogadicción. No obstante, a pesar de esta relativa eficacia, las tasas de recaídas a largo plazo (más de un año de seguimiento) siguen siendo altas en todos los tipos de conductas adictivas.

Muchos de los modelos y teoría psicológicas para explicar el consumo de drogas parten del proceso de socialización como elemento central. Dentro del consumo de drogas se ha estudiado especialmente el papel de la familia. Uno de los aspectos más relevantes para el individuo es el relacionado con su tipo de crianza. Hoy sabemos que distintos tipos de crianza de los padres influyen en la conducta de los hijos. Dos variables son aquí esenciales: el control y la calidez de los padres. El control de los padres se refiere a como son de restrictivos estos padres; la calidez se refiere al grado de afecto y aprobación que tienen con sus hijos. Se podrían definir cuatro tipos de estilos de familias a la hora de educar: con autoridad, autoritarios, permisivos y los indiferentes. El primero, con autoridad ejerce mucho control y mucha calidez y cariño; el autoritario mucho control y poca calidez y poco cariño; el permisivo poco control y mucha calidez y cariño y, el indiferente, poco control y poca calidez y poco cariño. Estos tipos de crianza en función de cual se utilice, tiene una consecuencia directa en el tipo de personalidad que va a desarrollar el niño. Así, los padres autoritarios tienden a producir niños apartados y temerosos, con poca o ninguna independencia y que son variables, apocados e irritables. En la adolescencia los varones pueden ser rebeldes y agresivos y las chicas pasivas y dependientes. Los padres permisivos tienden a producir niños autoindulgentes, impusivos y socialmente ineptos, aunque en otros pueden ser activos, sociables y creativos; en otros pueden ser rebeldes y agresivos. Los hijos de los padres con autoridad son los mejor adaptados, dado que tienen confianza en sí mismos, mayor control personal y son socialmente más competentes. Finalmente, los hijos de los padres indiferentes son los que están en peor situación y, si sus padres son negligentes, se sienten libres de dar rienda suelta a sus impulsos más destructivos. Todo lo dicho tiene una clara incidencia en el consumo de drogas.

CEFALEA (dolor de cabeza fuerte e intenso)

Aunque se han diagnosticado 15 tipos distintos de cefaleas, la mayoría de ellas han sido    etiquetadas de migrañosas o tensionales, las mujeres representan del 60 al 75% de los enfermos con cefalea migrañosa o tensional.

La cefalea migrañosa (o vascular) afecta a un solo lado de la cabeza, aumenta hasta un punto en que la sensación pulsátil de martilleo es común e intensa y finaliza al cabo de ocho horas, como promedio, aunque puede durar desde pocas horas hasta varios días. Es frecuente que se acompañe de pérdida del apetito, náuseas y cansancio y con menos frecuencia de vómitos, palidez, diarrea, vértigo, hipersensibilidad al sonido y a la luz y frío en las extremidades.

Los factores que influyen en la cefalea tienen una predisposición psicológica muy elevada ya que la vulnerabilidad del ser humano a la cefalea tensional puede no estar relacionada con factores genéticos, sí que puede incrementarse en los casos de depresión. Los síntomas depresivos (por ejemplo, los cambios apetito, la escasa concentración, el descenso de la actividad sexual, el retardo psicomotor, las manifestaciones de tristeza y la ideación suicida) a menudo están correlacionados con la cefalea tensional crónica, sugiriendo que en algunos casos ésta podría ser secundaria a una depresión subyacente…

Desde hace tiempo se ha relacionado la cefalea tensional y la migrañosa con el estrés diario. Los precipitantes emocionales o situacionales son los que mayor importancia tienen en los sujetos con cefalea tensional diagnosticada a conciencia, encontrando que más de la mitad de los casos de migraña estudiados, estaban relacionados con acontecimientos estresantes. Hay también otros factores como una variedad de alimentos, bebidas, fármacos y factores ambientales que pueden hacer aparecer las cefaleas. Las comidas y bebidas que contienen nitritos, y histamina, glutamato, sal y tiramina (como los quesos fermentados, el chocolate, las nueces, el yogur, los plátanos, el cerdo, las comidas chinas y las bebidas con alcohol) pueden desencadenar una migraña como consecuencia de sus efectos vasoactivos, se recomienda a los migrañosos evitar tales alimentos, hacer tres comidas equilibradas al día y abstenerse de una dieta rica en carbohidratos. Se ha sugerido que otros factores ambientales que pueden precipitar la migraña son la luminosidad, el ejercicio físico, el cansancio, la falta de sueño, el hambre en, los traumatismos craneales y los cambios de tiempo o de la temperatura ambiental.

En la práctica muchos pacientes reciben tratamientos combinados, basados en un abordaje farmacológico y abordajes no farmacológicos como técnicas cognitivas, biofeedback con técnicas de relajación, observándose, que en el tiempo, las técnicas psicológicas aprendidas por los pacientes se mantenían más que las farmacológicas, dado que la capacidad de aprender de nuestro cerebro para auto controlarnos hasta en situaciones de dolor intenso, no tiene límite y con un buen entrenamiento cualquiera puede controlar estas técnicas y por lo tanto aumentar sus niveles de autocontrol cuando se estos males se somaticen.

EL MIEDO NO ES BUENO

El miedo es la reacción a un peligro percibido. La ansiedad es todo el proceso desatado por el miedo.

Aunque la ansiedad actúa “automáticamente”, el miedo es una conducta aprendida. Hoy nuestras situaciones de peligro son perder estabilidad  económica o estatus social.

Nuestros miedos aparecen cuando ese proyecto se retrasa, cuando se acerca el plazo de entrega y aún queda demasiadas cosas por hacer, no llego a tiempo y debo ir más rápido, el día no tiene horas suficientes para lo que quiero hacer y cosas  semejantes. Este temor constante que nos hace trabajar con un estado de ansiedad continuo que produce un deterioro en nuestro ritmo de vida, desembocando en depresiones.

Esto es debido principalmente a que la reacción de nuestro cuerpo es perfecta, pero no hemos educado a nuestra mente. Solo la huida y el ataque son las finalidades para las que nuestro organismo se prepara por medio de la ansiedad, es el instinto de supervivencia.  No se concibe el pensamiento, solo el reflejo, fuerza y velocidad.  Ante un incendio, la respuesta “natural” es la huida, no apagar el gas, que quizás sea lo más correcto, pero contraviene el instinto natural de conservación.

El miedo, al ser una conducta aprendida, se puede desarrollar para situaciones bien diferentes. Dependiendo de la situación y la magnitud de la ansiedad se podría considerar problema o no.  Una persona con miedo a las ratas en un barrio medio-alto de cualquier ciudad, no debería tomar su miedo como problema, no vera demasiadas ratas en su vida ni necesitará enfrentarse a ellas. En cambio, hay otros temores que, a veces llegan a niveles patológicos, impiden el desarrollo normal de la vida de la persona.

Hablamos entonces de fobias. Situaciones de no-peligro en las que el individuo siente un miedo atroz, desproporcionado y fuera de lugar.  Este es el caso de vértigos, claustrofobias y  la agarofobía. La persona sufre autentico pánico y pavor.  Ya no hay ansiedad en él, sino que vive una autentico episodio de «crisis de ansiedad».  Empieza a faltarle el aire, siente cómo el corazón le intenta salir del pecho, su cabeza parece girar, el sudor frío le resbala por la cara, las nauseas son terribles, el agobio impresionante…  La situación es tan desagradable, que la persona empieza a tener miedo de sentir miedo y comienza a evitar situaciones semejantes. Entonces se desencadenan también sentimientos de impotencia, incapacidad, vergüenza, el camino hacia la depresión es mucho más rápido por esta senda. No es una coincidencia que la depresión venga acompañada de miedos, casi podríamos hablar de que es el único modo de llegar.  La depresión es principalmente una baja autoestima, esta baja autoestima se consigue por medio de complejos, nada acompleja mas que el miedo.

Para los que sienten este miedo a situaciones en las que reconocen que no lo debería padecer, existen terapias cognitivas que consisten en un reaprendizaje, es decir, se desaprende la conducta de miedo en cuestión.

COMO TRATAR CON LOS DEMÁS

Las personas han interpretado a menudo que el consejo “Separe a las personas del problema” quiere decir que hay que esconder los problemas de la gente donde no los veamos. Esto no es, en forma alguna, lo que quiere decir. Los problemas de las personas acostumbran a necesitar más atención que los problemas esenciales. La tendencia humana al comportamiento defensivo y reactivo es una de las causas por las que fracasan tantas negociaciones, cuando lo que tendría sentido sería un acuerdo. En las negociaciones, si usted ignora los asuntos de la otra parte y está usted tratando el problema del otro desde una perspectiva única, el otro lo hará también por su razón. Y esto no nos conduce a nada positivo para la negociación.
Construya una relación que funcione, independientemente del acuerdo o desacuerdo. Cuanto más grave sea su desacuerdo con alguien, más importante es que sea capaz de manejar ese desacuerdo. Una relación de este tipo no puede comprarse haciendo concesiones sustantivas o pretendiendo que el desacuerdo no existe. La experiencia sugiere que apaciguar cediendo no acostumbra a funcionar. Si ahora hace concesiones no justificadas, es poco probable que le sea más fácil tratar diferencias futuras. Puede que piense usted que la próxima vez será su turno de recibir concesiones; es probable, en cambio, que ellos piensen que si son suficientemente tozudos usted volverá a ceder. Tampoco debe usted intentar conseguir una concesión importante, amenazando la relación (“si realmente le importara, habría cedido”, “a menos que esté usted de acuerdo conmigo, hemos terminado nuestra relación”). Tanto si una estratagema de este tipo tiene éxito como si no, por el momento, obtener una concesión perjudicará la relación; es casi seguro que las dos partes se encontrarán con muchas más dificultades para zanjar diferencias futuras. En lugar de esto, los temas importantes han de ser separados de las relaciones y las maneras de negociar. El contenido de un posible acuerdo ha de ser separado de las cuestiones de cómo habla usted de la otra parte y de cómo trata usted con la otra parte. Cada conjunto de temas necesita ser negociado por sus propias circunstancias.
Si, a pesar de sus esfuerzos para establecer una relación óptima y negociar diferencias importantes, los problemas de las personas siguen impidiéndoselo, negócielos por sus sentimientos. Saque a relucir sus preocupaciones sobre la conducta de la otra parte y discútalas, como si se tratara de una diferencia esencial. Evite juzgar o impugnar sus motivaciones. En lugar de ello, explique sus percepciones y sentimientos y pregúntele sobre los suyos. Proponga criterios o modelos exteriores, o principios justos para determinar la forma en que deberían tratarse mutuamente, y niéguese a ceder a tácticas de presión. Formule su discurso mirando hacia delante y no hacia atrás, y opere en la presunción de que la otra parte puede no tener la intención de ocasionar todas las consecuencias que usted experimenta y de que puede cambiar su enfoque si ve la necesidad de hacerlo.
Nuestro comportamiento debería estar destinado a servir de modelo al comportamiento que prefiriéramos y evitar cualquier recompensa para la conducta que nos desagrada; ambas cosas, sin comprometer nuestros intereses esenciales.
Gran parte del comportamiento que se observa en el mundo no es muy racional. Los negociadores son, ante todo, personas humanas. Es frecuente que actuemos impulsivamente o reaccionemos sin antes haber pensado cuidadosamente, especialmente cuando estamos enfadados, asustados o frustrados. Y todos conocemos a gente que parece sencillamente irracional, sea cual fuere la situación. ¿Cómo se enfrenta usted a este tipo de conducta? Ante todo, reconozca que aunque no se acostumbra a negociar de forma racional, vale la pena que usted lo intente. A continuación, cuestione su presunción de que los demás están actuando de forma irracional. Quizás ven la situación de manera diferente. En la mayoría de conflictos cada lado cree que está diciendo “no” de una forma razonable a lo que oye que la otra parte le exige. Quizás su posición de apertura tan bien elaborada, la otra parte la entiende como injustificable según sus méritos; quizás la otra parte valora las cosas de forma distinta, o puede haber un fallo de comunicación, y siempre que hay un fallo de comunicación, es de dos, del emisor y del receptor, ya que uno puede intentar explicar mejor y preguntar lo que el otro ha entendido y el receptor , debe decir lo que el ha entendido y si es eso lo que quería decir. A veces, se tienen opiniones que muchos pensamos que son objetivamente “irracionales”, como es el caso de la gente que tiene miedo a volar. Estas personas por dentro están, sin embargo, reaccionando al mundo tal y como ellas lo ven. En algún nivel están convencidas de que este avión se estrellará. Si nosotros creyéramos eso tampoco volaríamos. Es la percepción lo que está viciado, no la respuesta a esa percepción. Por mucho que se diga a esas personas que están equivocadas (y aunque se les muestre numerosos estudios científicos al respecto), ni aunque se las castigue por sus creencias, es muy poco probable que cambien lo que sienten. En cambio, si les pregunta usted de una forma empática, tomando en serio sus sentimientos e intentando seguir su razonamiento hasta las raíces, a veces es posible conseguir hacer un cambio. Trabajando con ellas puede que descubra usted un fallo lógico, una percepción errónea de los hechos o la asociación traumática de una época anterior que una vez puesta de relieve puede ser examinada y modificada por las propias personas. Esencialmente, podemos decir que está usted buscando los intereses psicológicos que se encuentran escondidos detrás de su posición, para ayudarle a encontrar un modo de satisfacer una mayor cantidad de sus intereses, a la vez que satisfacerlos de una manera más eficaz. Debemos plantearnos la búsqueda de razones para encontrar la paz en el diálogo, no la verdad ya que cada uno percibe la verdad desde ángulos diferentes y nadie es poseedor de ella y siempre avanzaremos en el razonamiento in tentando comprender las razones que le llevan al otro a pensar así, aunque no las compartamos, pero así podremos exponer las nuestras e intentar conseguir que al menos nos entienda, y eso enriquece a todos. Luego analizando esto podríamos decir que cualquier argumento es válido, tanto para aprender de lo que no nos habíamos percatado como para evitar llegar a esas conclusiones con esos razonamientos que en un principio rechazábamos, aunque nos parezcan irracionales. Lo importante es entender a la otra parte en todo su contexto, el del razonamiento y en el del sentimiento, de esa forma razonado.
Debemos tratar a la gente como queremos que nos traten y así conseguiremos evolucionar y enriquecernos todos, ya que esa es la esencia humana, al ser los seres que aparte de aprender como todos los seres vivos, podemos pensar y obtener razones que nos ayuden a llevar una vida más comunicativa y enriquecedora y así obtener la paz en todo su contexto.

LA RELAJACION, UNA FORMA DE VIDA PARA LOS TIEMPOS ACTUALES

El ser humano es el único mamífero de la tierra que ha olvidado relajarse a diario, ya que de diferentes formas, todos los demás mamíferos lo hacen varias veces al día, así se da la circunstancias que no hay animales estresados, ni anoréxicos, siempre y cuando los mantengamos en su hábitat natural.

El aprendizaje en relajación, nos ayuda a intentar ejercer el control de las emociones que es algo que nos deberían enseñar desde que somos pequeños, ya que el entrenamiento es la mejor manera de conseguir que nuestros hábitos sean buenos y no caigamos en la rutina y por tanto en la desesperanza y la falta de ilusiones y motivaciones.

Dado que podríamos resumir las emociones en dos grandes bloques, Amor y Miedo, debemos saber buscar el equilibrio entre ellas, ya que son necesarias todas nuestras maneras de sentir , pero si las llevamos al extremo, estaremos entrando en la patología, en el trastorno; o sea la alegría llevada al grado máximo se puede convertir en un estado de euforia, de manía y la tristeza llevada a su máxima expresión se convertirá en depresión que es un trastorno, quizás el más doloroso pues se padece las veinticuatro horas al día.

El miedo nos hace ponernos tensos y en ese momento, si dicha tensión es muy elevada, pasamos a utilizar la parte más primitiva de nuestro ser, siendo más animales irracionales que animales racionales, de ahí puede surgir ese descontrol del impulso que nos lleva a realizar actos de los que luego nos podemos arrepentir y si es delito, la ley nos caerá con todo su peso, ya que aunque lo hagamos somos conscientes de nuestros actos aunque no sepamos o podamos controlarnos.

De esta manera de actuar surgen los trastornos de personalidad, ya que con nuestros pensamientos justificamos nuestros actos, nuestra parte animal-irracional, que todos tenemos, y no nos enseñan a controlar, cosa que no resultaría tan difícil en las escuelas.

Cuando el ser humano nace, nace con una gran capacidad de aprender de todo, y para ello tendremos que pensar en ello, ya sea leyéndolo y así aumentando nuestra inteligencia cristalizada, o experimentándolo con nuestras experiencias, pero de cualquier manera introduciendo la información por nuestros sentidos, en nuestro cerebro. Esto nos tiene que hacer pensar que si queremos que nuestro cerebro aprenda a controlar nuestro cuerpo, deberemos pensar en él y para conseguirlo deberemos relajarnos con métodos de relajación como el de Edmund Jacobson, por el cual el cerebro aprende a diferenciar las sensaciones de tensión y de relajación, y si lo aprendemos bien cuando pensemos en los músculos blandos, relajados y pesados, la respuesta de estos nos liberará de la tensión y podremos responder mas acertadamente a la situación a la que nos enfrentemos, ya que nuestro tono muscular descenderá a cotas controlables, nuestra tasa cardíaca se reducirá así como nuestra frecuencia respiratoria.

Con todo ello trato de expresar, que si en la Escala de Inteligencia de Wechsler (WISC-IV) para niños el promedio de la población es el 68%, dentro de los límites, de una misma manera se les podría enseñar a prevenir esos estados de sufrimiento, innecesarios a la gran masa de la población, y tendríamos unos jóvenes más creativos, comprensivos y con menos problemas, sociales, mentales, tendrían un futuro mas halagüeño y pienso serían más felices, puesto que cuanto más tranquilo está uno, mejor le saben las cosas y mejor le salen las cosas que ha de hacer y su capacidad de asimilar las situaciones y los conocimientos aumentaría.

AUTOCONTROL de las emociones y el comportamiento

 

Las personas que son capaces de controlar sus emociones y su comportamiento se valoran más que las que se comportan de forma impulsiva o pierden el control de sí mismos.

Como nos enseñaron en la escuela, todos los verbos nos indican una acción, saltar es elevar los pies del suelo, comer es introducir un alimento en el estómago, así podíamos seguir con todos los verbos, aunque sea dificultoso el definirlos. Pero cuando hablamos del verbo pensar, ¿cómo definiríamos pensar?, ya que las personas, no nos hemos parado a reflexionar (sinónimo de pensar), lo importante que es, que nos demos cuenta que la mayoría de la gente que nos pusiéramos a querer decir árbol en arameo, por mucho que pensáramos no lo podríamos decir, luego podríamos definir, de una manera coloquial la definición de pensar, como buscar en nuestro cerebro algo que hemos metido, conscientemente o sin darnos cuenta, por eso es tan importante controlar aquello que pensamos en nuestro lenguaje interno, lo que hablamos con nosotros mismos.

Siempre nos han dicho que “el saber no ocupa lugar”, pero pienso que hay que filtrar ciertos conocimientos, ya que las creencias de un ser humano son increíblemente poderosas y el cerebro es un todo que nos da lo que hemos metido y hemos pensado reiteradamente.

Uno de los métodos que las personas utilizamos para convencernos de lo que debemos hacer en una situación determinada es hablar con nosotros mismos. De esta manera nos decimos lo que debemos hacer y cómo debemos comportarnos.

Podríamos definir tres formas para autocontrolarnos: inhibición, planificación y perseverancia.

La inhibición, nos ayuda a evitar hacer algo que pensamos, no se debe hacer. La planificación, nos sirve para decidir lo que hay que hacer en determinadas ocasiones. Por último, la perseverancia es lo que hace que seamos constantes en la consecución de una tarea determinada.

La psicología cognitiva, nos ayuda, con sus técnicas, a aumentar nuestra capacidad de autocontrol, como la reestructuración cognitiva, que consiste en cambiar el pensamiento de una situación para hacerla menos tentadora; la verbalización, sea para cambiar o instaurar una norma o una pauta de comportamiento. También nos ayuda a centrar la atención en las recompensas que se derivará de un comportamiento adecuado, o en sus consecuencias negativas que supondría lo contrario.

Tenemos que plantearnos que cuando estamos relajados y nos acordamos de un día feliz de nuestra vida, nos sentimos felices, ahora bien si nos acordamos de un día triste de nuestra vida, nos sentimos tristes.

Los seres humanos no podemos controlar las circunstancias externas de nuestra vida, pero si podemos controlar nuestras reacciones ante ellas, con aprendizaje y constancia.

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