EL MIEDO NO ES BUENO

El miedo es la reacción a un peligro percibido. La ansiedad es todo el proceso desatado por el miedo.

Aunque la ansiedad actúa “automáticamente”, el miedo es una conducta aprendida. Hoy nuestras situaciones de peligro son perder estabilidad  económica o estatus social.

Nuestros miedos aparecen cuando ese proyecto se retrasa, cuando se acerca el plazo de entrega y aún queda demasiadas cosas por hacer, no llego a tiempo y debo ir más rápido, el día no tiene horas suficientes para lo que quiero hacer y cosas  semejantes. Este temor constante que nos hace trabajar con un estado de ansiedad continuo que produce un deterioro en nuestro ritmo de vida, desembocando en depresiones.

Esto es debido principalmente a que la reacción de nuestro cuerpo es perfecta, pero no hemos educado a nuestra mente. Solo la huida y el ataque son las finalidades para las que nuestro organismo se prepara por medio de la ansiedad, es el instinto de supervivencia.  No se concibe el pensamiento, solo el reflejo, fuerza y velocidad.  Ante un incendio, la respuesta “natural” es la huida, no apagar el gas, que quizás sea lo más correcto, pero contraviene el instinto natural de conservación.

El miedo, al ser una conducta aprendida, se puede desarrollar para situaciones bien diferentes. Dependiendo de la situación y la magnitud de la ansiedad se podría considerar problema o no.  Una persona con miedo a las ratas en un barrio medio-alto de cualquier ciudad, no debería tomar su miedo como problema, no vera demasiadas ratas en su vida ni necesitará enfrentarse a ellas. En cambio, hay otros temores que, a veces llegan a niveles patológicos, impiden el desarrollo normal de la vida de la persona.

Hablamos entonces de fobias. Situaciones de no-peligro en las que el individuo siente un miedo atroz, desproporcionado y fuera de lugar.  Este es el caso de vértigos, claustrofobias y  la agarofobía. La persona sufre autentico pánico y pavor.  Ya no hay ansiedad en él, sino que vive una autentico episodio de «crisis de ansiedad».  Empieza a faltarle el aire, siente cómo el corazón le intenta salir del pecho, su cabeza parece girar, el sudor frío le resbala por la cara, las nauseas son terribles, el agobio impresionante…  La situación es tan desagradable, que la persona empieza a tener miedo de sentir miedo y comienza a evitar situaciones semejantes. Entonces se desencadenan también sentimientos de impotencia, incapacidad, vergüenza, el camino hacia la depresión es mucho más rápido por esta senda. No es una coincidencia que la depresión venga acompañada de miedos, casi podríamos hablar de que es el único modo de llegar.  La depresión es principalmente una baja autoestima, esta baja autoestima se consigue por medio de complejos, nada acompleja mas que el miedo.

Para los que sienten este miedo a situaciones en las que reconocen que no lo debería padecer, existen terapias cognitivas que consisten en un reaprendizaje, es decir, se desaprende la conducta de miedo en cuestión.

Comments ( 6 )

  1. Replymando aire acondicionado panasonic

    Hola. Me tope tu web mientras buscaba algo en bing. Tu tema esta muy bien sobreentendido. Congratulaciones.

  2. ReplyAinhoa

    Me parecen muy interesantes tus artículos. Cuando los leo me quedo con ganas de saber mas sobre la psicología.

  3. ReplyÍñigo

    Es increíble la capacidad de propagación que tienen el miedo y la ansiedad. Acaban cubriéndolo todo, toda una vida humana, hasta que tu existencia y tu mente se convierten en una especie de prisión. Encerrado en uno mismo por una condena que te has impuesto tú a ti mismo. Tu mente (o tu alma), aquello que tendría que ser un trampolín a la vida, se convierte en una fuente de terrores. Y ves cómo te marchitas por dentro; las demás emociones, esas que hacían que tu vida mereciera la pena, van poco a poco siendo aniquiladas y suplantadas por los sentimientos negativos. Y eso te acojona (aún más). Hay veces que olvidas el sabor del amor, del placer, o simplemente, del bienestar, de la paz contigo mismo. Miras al cielo, agarras la cadena que cogiste del cuello de tu padre cuando este murió y... no lo sientes en ninguna parte. Le dices: ¿dónde estás? Y ya casi no puedes ni llorar por ello, por tu vacío, tan sólo te entra una enorme desesperación. “Tú adelante, siempre adelante”, te dijo en su lecho de muerte y ahora... ya no sabes qué es adelante, es como si hubieras perdido el rumbo de tu propia vida. Te invade la nostalgia de los tiempos pasados, cuyo “gusto” va quedando atrás. Piensas en momentos positivos y... te cuesta imaginarlos. “Tus sentimientos positivos te hacen sentirte feliz”. Sí, pero cuando lo dibujas en tu mente te dices: “Buff, sí, sé que he vivido ese sentimiento, pero cada vez me cuesta más recordarlo, rememorarlo, darle vida otra vez”. Porque cada vez te proporcionas menos sentimientos positivos. Huyes de las situaciones que te los podrían ofrecer y cuando estás en esas situaciones, el miedo que generas te impide “degustarlos”, asimilarlos en su totalidad. Y te va invadiendo la nada y con ella la duda.

    • ReplyÍñigo

      Piensas en las personas que más quieres, en las cosas que más te gustaba hacer. Las relaciones con esas cosas y personas también han sido invadidas por tu miedo, por la ansiedad. Y miras para atrás y recuerdas, cuando la vida sabía a vida (es decir, a cosas buenas y malas, nada del otro mundo quizás, pero sí lo único que nos es dado experimentar en esta vida, lo único que se nos concede al nacer a esta existencia). Te despertabas a las siete de la mañana un sábado y tu novia te decía: “¿por qué te levantas tan pronto?, anda, duerme un poco más”. Pero tú sabías bien por qué te levantabas como un resorte nada más abrir los ojos: para devorar ese libro que sacaste ayer en la biblioteca y que no habías tenido tiempo de hojear; para subir un monte con unos amigos y sentir el cansancio, el placer de la cima conquistada o de la conversación, la maravillosa nostalgia de volver a casa (uno de mis momentos preferidos) que sientes ya cuando vas bajando de la montaña y te sale enviarle un mensajito a tu novia diciéndole que en un par de horas estás ya ahí, y te lo imaginas (ah, el poder de la mente, que puede conducirte a todos los lugares) ya en el sofá, o cenando junto a ella, o lo que fuera, a gusto; o te despiertas para arrancar ya el coche y emprender el viaje que durante tanto tiempo habías estado planeando con ella, con todos esos momentos que ibais a traeros de vuelta y que al final son los que valen la pena... o sencillamente, para que llegase cuanto antes el instante de desayunar ese zumo nuevo que te compraste ayer en el súper, no sé, cualquier chorrada. Había muchas razones para levantarse (cada cual tiene las suyas). Razones que uno no podría decir si disfrutaba más imaginándolas o viviéndolas (como en aquel cuento de Calvino, en el que un enamorado disfruta viviendo de antemano, en el tren nocturno que le lleva a Roma, donde le espera un fin de semana de amor con su amada, los instantes que vivirá junto a ella, y luego, cuando estos tienen efectivamente lugar, casi no sabe decir si fue más placentero el instante vivido o el pre-sentido, el que le proporcionó la mente desde la ilusión o el cuerpo y el alma desde la experimentación). Pero hoy todo, incluida esa mente, parece trastocada por el miedo, la ansiedad y la nada: el sueño y la vigilia; tus emociones; las relaciones con las personas que más quieres; tus sueños, tus recuerdos, tu ahora. Y, sobre todo, tus ilusiones, que es lo que más te jode de todo. El miedo seca una vida de raíz. Es como una planta invasora. Tienes 35 años; sabes que no te mereces nada, más que lo que tienes: una guerra contigo mismo de mil pares de cojones, un puñadito de momentos arrebatados a la vida gracias a tu propio esfuerzo y tres o cuatro personas que han decidido enlazarse de un modo u otro a tu caminar por ella y que has tenido la suerte inmensa de encontrar. Y el día de la paz en tu interior parece tan lejano, tan improbable, que el simple hecho de imaginarme sentado en un banco, leyendo un libro con ilusión, tranquilamente, pudiendo levantar la vista un segundo para echar la vista atrás sobre mi propia vida y decir: “Sí, estoy en paz conmigo mismo; porque lo que he pensado, he dicho y he hecho en ella ha ido en una misma dirección” resulta casi una utopía, el sueño de un loco. El miedo a todo sólo conduce a la nada.

  4. ReplyAlain Nuñez

    Yo creo que las fobias no se pueden evitar crearse. Estoy casi seguro de que lo has tenido desde siempre aunque no sepas de qué hasta que llega el momento. No en todos, obvio. Pero para superar esa fobia lo mejor sería adaptarse a ella, por ejemplo si tienes pánico a las arañas, o sea si padeces la aracnofobia, sería preferible tener una hasta acostumbrarte con ella y para que desaparezca esa fobia. Creo que sería buena idea.

  5. Replyterapia online marbella

    Psicólogo Gernika Mungia - EL MIEDO NO ES BUENO, ¿Puedes explicarnos màs?, me resulta insterense este post. Saludos.

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