REGÍMENES, !! SECUELAS !!

La mayoría de los miembros de nuestra sociedad consideran que el régimen es una solución, o “cura” al problema, o “enfermedad”, del exceso de peso. Sin embargo, el problema no es la gordura en sí misma, sino el régimen, y a menudo la llamada cura es peor que la enfermedad. Sea considerado que el exceso de peso es un problema orgánico, social y psicológico es exagerado desmesuradamente.

Aún cuando los peligros de la obesidad no sean tan grandes como se sospechaba, aunque puede llegar a serlo, en general, ¿no sigue siendo beneficiosa la pérdida de peso?. En realidad, tanto el régimen como la pérdida de peso pueden ser activamente perjudiciales. También en problemas relacionados pero que no son directamente causados por la pérdida de peso. El problema fundamental radica la en que la mayoría de las personas que adelgazan luego vuelven a engordar, y esta recuperación o el ciclo de subir y bajar de peso (como hace en la mayoría de las personas que se someten a regímenes de adelgazamiento) parece que provoca problemas por sí mismo y que además exacerba otros trastornos ya existentes. Muchas dolencias físicas parecen estar relacionadas directamente con la pérdida de peso y los regímenes que se realizan para alcanzar dicho propósito, bajada de tensión sanguínea, cálculos biliares, etc…

De modo que la pérdida de peso puede resultar tan perjudicial como el exceso de peso y ambos conllevan una serie impresionante de peligros para la salud. De la misma manera que sucede con el exceso de peso, dichos riesgos sólo afectan a algunas de las personas que efectúan regímenes. Las quejas más comunes suelen ser de poca importancia tal como hipotensión y mareos, desvanecimientos y náuseas, jaquecas etc… En general, cuanto más grave es la restricción calórica y mayor es el desequilibrio nutricional del régimen realizado, más serios serán los efectos secundarios.

Los regímenes no sólo implican peligros orgánicos sino también conllevan riesgos psicológicos. Podríamos decir que como consecuencia de los regímenes pueden aparecer síntomas como la irritabilidad, la falta de concentración, la ansiedad, la depresión, apatía y la fatiga. Los informes acerca de estas situaciones que a menudo se califica de “síndrome de depresión del régimen”, han aparecido regularmente en la literatura psiquiátrica y psicológica, desde principios de los años cincuenta.

Dado que el seguimiento de un régimen tiene un curso crónico y da lugar a las distintas actitudes, comportamientos y factores de salud negativos antes descritos, se podría considerar que los regímenes son un tipo de “trastorno leve del comer”. Desafortunadamente, pueden ser mucho más patógenos que esto. Podríamos afirmar que el régimen, que es producto de la idealización cultural de la delgadez, podría ser un factor que contribuyera al desarrollo de patologías más graves como la anorexia nerviosa y la bulimia, en donde ambas comparten la preocupación por la comida y un exagerado temor a engordar.

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