DEFENDERNOS CONTRA EL ESTRÉS

Los seres humanos no nacemos teniendo miedo, ni ninguna otra emoción, nacemos con la capacidad de sentir y esto depende de la interpretación que hagamos de los sucesos que nos ocurren cotidianamente. De hecho hay miedos que se aprenden cuando el individuo se enfrenta a una situación diferente que en principio es buena, por ejemplo el fuego ya que sirve para calentarnos, cocinar, etc. y a la vez si nos quemamos aprendemos que nos produce dolor y entonces es cuando le cogemos miedo.

 

Resumiendo en pocas palabras, diríamos que en terapia cognitiva partimos del principio de que muchos de los desequilibrios emocionales, son originados inicialmente por la manera particular y deficiente de interpretar las circunstancias con hechos que acontecen en la vida de cada uno. De ahí las grandes diferencias en la manifestación de estos estados emocionales a la hora de responder a ciertas situaciones, que se dan entre unos seres humanos y otros. Por ejemplo, una persona ante una situación concreta puede sufrir muchísimo y otra prácticamente nada incluso podría desarrollar una emoción positiva. Esta manera personal de representación interna, pensamiento o lenguaje interno (todos nos hablamos a nosotros mismos ante ciertas situaciones haciéndonos preguntas) sería la clave para comprender la diferencia entre una persona y otra, y respondería a unos patrones o esquemas cognitivos aprendidos y adquiridos a lo largo de la educación y experiencia de la propia persona.

 

Es razonable por lo tanto, que bastaría recoger por escrito el pensamiento que surge durante un estado emocional negativo, como puede ser la tristeza o la vergüenza, para poder observar y analizar el tipo de error de pensamiento o forma específica de valorar o pensar acerca de una determinada situación que tiene la persona, y así ayudarle a cambiar el esquema cognitivo y racionalizar de manera más adecuada y no reforzadora de la emoción negativa. El llevar estos registros y controles sobre lo que uno piensa ante ciertas situaciones, además de analizarlos posteriormente con el terapeuta conducirá al paciente a ir aprendiendo y conociendo como piensa y como crea sus emociones, (alegrías y sufrimientos), lo que poco a poco irá provocando el que llegue el momento en que se adelante a su propio proceso mental negativo, dándose cuenta de cómo iba a valorar una situación concreta y generar recursos que pueda aplicar para poder modificar el proceso, que por otro lado iba acabar produciendo la emoción negativa.

 

La aparición de la emoción negativa, responder a la activación fisiológica (del cuerpo) y la aparición de esos pensamientos negativos y originando el síndrome del estrés que le se definiría como una combinación de tres elementos: el ambiente, los pensamientos negativos y las respuestas físicas. Estas interactuarán de tal manera que hacen que una persona se sienta ansiosa, colérica o deprimida. Casi todas las personas que padecen dolor emocional tratan de averiguar su causa. Entonces utilizan un lenguaje, “esto supuso un impacto para mí”, “tengo la estupidez del lunes por la mañana”, “me saca de mis casillas”, que hace que aumente nuestra ansiedad y angustia.

 

Pues bien, este tipo de tratamiento muy eficaz y que se aplica con éxito desde hace muchos años se llama terapia cognitiva, y se utiliza para la modificación del estilo de pensamiento y por tanto a la no aparición de emociones negativas, permitiendo así una mejor adaptación a la situación concreta y a la vida general.

Comments ( 5 )

  1. ReplyManuel F.

    El mal de nuestro tiempo; sí señor. Menos mal que se puede controlar es estrés ¿verdad? Aunque no es tan fácil.

    • ReplyAraceli

      Hombre, para eso está Luis; para darnos unas técnicas.

  2. ReplyArkaitz B

    Qué bien nos iría si no nos dejásemos vencer por las emociones negativas. Muchos hemos crecido rodeados de ellas y de miedos.

  3. ReplyAmaia

    y cuando es un niño el que tiene ese estrés?, y cuando para paliarlo lo único que su mente sabe hacer es sacar monstruos?, qué hacer?, cómo ayudarlo?

    • ReplyLuis Rafael Ruiz González

      Si es un niño, como al adulto, hay que enseñarle a respirar con el abdomen, cuando mete el aire por la nariz saca la tripa, a la vez, hinchando el abdomen y pensando en ello. Hay que pensar que está sacando toda la tensión que ha acumulado, luego ante sus comportamientos alterados , no hablarle, no tener comportamientos agresivos con él, sin permitirle hacer lo que quiera si es para dañarse o romper algo, hay que ser pacientes hasta que se le pase la crisis. Luego hablarle tranquilamente e intentar establecer un contrato para en caso de otra ocasión, asumir las consecuencias del acontecimiento. Ha de aprender a relajarse, ya que lo que siente en el cuerpo, ese nerviosismo interior, si lo interpreta como algo malo estallará en una crisis.

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