Archivos septiembre 2012

CEFALEA (dolor de cabeza fuerte e intenso)

Aunque se han diagnosticado 15 tipos distintos de cefaleas, la mayoría de ellas han sido    etiquetadas de migrañosas o tensionales, las mujeres representan del 60 al 75% de los enfermos con cefalea migrañosa o tensional.

La cefalea migrañosa (o vascular) afecta a un solo lado de la cabeza, aumenta hasta un punto en que la sensación pulsátil de martilleo es común e intensa y finaliza al cabo de ocho horas, como promedio, aunque puede durar desde pocas horas hasta varios días. Es frecuente que se acompañe de pérdida del apetito, náuseas y cansancio y con menos frecuencia de vómitos, palidez, diarrea, vértigo, hipersensibilidad al sonido y a la luz y frío en las extremidades.

Los factores que influyen en la cefalea tienen una predisposición psicológica muy elevada ya que la vulnerabilidad del ser humano a la cefalea tensional puede no estar relacionada con factores genéticos, sí que puede incrementarse en los casos de depresión. Los síntomas depresivos (por ejemplo, los cambios apetito, la escasa concentración, el descenso de la actividad sexual, el retardo psicomotor, las manifestaciones de tristeza y la ideación suicida) a menudo están correlacionados con la cefalea tensional crónica, sugiriendo que en algunos casos ésta podría ser secundaria a una depresión subyacente…

Desde hace tiempo se ha relacionado la cefalea tensional y la migrañosa con el estrés diario. Los precipitantes emocionales o situacionales son los que mayor importancia tienen en los sujetos con cefalea tensional diagnosticada a conciencia, encontrando que más de la mitad de los casos de migraña estudiados, estaban relacionados con acontecimientos estresantes. Hay también otros factores como una variedad de alimentos, bebidas, fármacos y factores ambientales que pueden hacer aparecer las cefaleas. Las comidas y bebidas que contienen nitritos, y histamina, glutamato, sal y tiramina (como los quesos fermentados, el chocolate, las nueces, el yogur, los plátanos, el cerdo, las comidas chinas y las bebidas con alcohol) pueden desencadenar una migraña como consecuencia de sus efectos vasoactivos, se recomienda a los migrañosos evitar tales alimentos, hacer tres comidas equilibradas al día y abstenerse de una dieta rica en carbohidratos. Se ha sugerido que otros factores ambientales que pueden precipitar la migraña son la luminosidad, el ejercicio físico, el cansancio, la falta de sueño, el hambre en, los traumatismos craneales y los cambios de tiempo o de la temperatura ambiental.

En la práctica muchos pacientes reciben tratamientos combinados, basados en un abordaje farmacológico y abordajes no farmacológicos como técnicas cognitivas, biofeedback con técnicas de relajación, observándose, que en el tiempo, las técnicas psicológicas aprendidas por los pacientes se mantenían más que las farmacológicas, dado que la capacidad de aprender de nuestro cerebro para auto controlarnos hasta en situaciones de dolor intenso, no tiene límite y con un buen entrenamiento cualquiera puede controlar estas técnicas y por lo tanto aumentar sus niveles de autocontrol cuando se estos males se somaticen.

EL MIEDO NO ES BUENO

El miedo es la reacción a un peligro percibido. La ansiedad es todo el proceso desatado por el miedo.

Aunque la ansiedad actúa “automáticamente”, el miedo es una conducta aprendida. Hoy nuestras situaciones de peligro son perder estabilidad  económica o estatus social.

Nuestros miedos aparecen cuando ese proyecto se retrasa, cuando se acerca el plazo de entrega y aún queda demasiadas cosas por hacer, no llego a tiempo y debo ir más rápido, el día no tiene horas suficientes para lo que quiero hacer y cosas  semejantes. Este temor constante que nos hace trabajar con un estado de ansiedad continuo que produce un deterioro en nuestro ritmo de vida, desembocando en depresiones.

Esto es debido principalmente a que la reacción de nuestro cuerpo es perfecta, pero no hemos educado a nuestra mente. Solo la huida y el ataque son las finalidades para las que nuestro organismo se prepara por medio de la ansiedad, es el instinto de supervivencia.  No se concibe el pensamiento, solo el reflejo, fuerza y velocidad.  Ante un incendio, la respuesta “natural” es la huida, no apagar el gas, que quizás sea lo más correcto, pero contraviene el instinto natural de conservación.

El miedo, al ser una conducta aprendida, se puede desarrollar para situaciones bien diferentes. Dependiendo de la situación y la magnitud de la ansiedad se podría considerar problema o no.  Una persona con miedo a las ratas en un barrio medio-alto de cualquier ciudad, no debería tomar su miedo como problema, no vera demasiadas ratas en su vida ni necesitará enfrentarse a ellas. En cambio, hay otros temores que, a veces llegan a niveles patológicos, impiden el desarrollo normal de la vida de la persona.

Hablamos entonces de fobias. Situaciones de no-peligro en las que el individuo siente un miedo atroz, desproporcionado y fuera de lugar.  Este es el caso de vértigos, claustrofobias y  la agarofobía. La persona sufre autentico pánico y pavor.  Ya no hay ansiedad en él, sino que vive una autentico episodio de «crisis de ansiedad».  Empieza a faltarle el aire, siente cómo el corazón le intenta salir del pecho, su cabeza parece girar, el sudor frío le resbala por la cara, las nauseas son terribles, el agobio impresionante…  La situación es tan desagradable, que la persona empieza a tener miedo de sentir miedo y comienza a evitar situaciones semejantes. Entonces se desencadenan también sentimientos de impotencia, incapacidad, vergüenza, el camino hacia la depresión es mucho más rápido por esta senda. No es una coincidencia que la depresión venga acompañada de miedos, casi podríamos hablar de que es el único modo de llegar.  La depresión es principalmente una baja autoestima, esta baja autoestima se consigue por medio de complejos, nada acompleja mas que el miedo.

Para los que sienten este miedo a situaciones en las que reconocen que no lo debería padecer, existen terapias cognitivas que consisten en un reaprendizaje, es decir, se desaprende la conducta de miedo en cuestión.