Archivos 2015

INTERPRETACIÓN DEL PENSAMIENTO DE LOS OTROS

              La distorsión más común en el ser humano es la interpretación del pensamiento, ya que la persona hace juicios repentinos sobre los demás:

            «Es lógico que actúe así porque está celoso… Ella está contigo por tu dinero… El teme mostrar sus preocupaciones». No son una prueba, pero casi parecen verdad. En la mayoría de ejemplos, aquellos que interpretan el pensamiento hacen suposiciones sobre cómo sienten los demás y que les motiva a ello. Por ejemplo, se puede concluir: «El la ha visitado tres veces la última semana por qué, a) está enamorado, b) está molesto con su antigua novia y sabía que ella lo averiguaría, c) está deprimido y va de rebote, d) temía encontrarse solo de nuevo». Se puede elegir, pero actuar a partir de cualquiera de estas conclusiones arbitrarias puede ser desastroso.

            En la medida que su pensamiento interpreta, también se hacen presunciones sobre cómo está reaccionando la gente a las cosas que la rodean, particularmente cómo están reaccionando los demás ante usted. «Esto hace que me vea poco atractivo… Piensa que soy un inmaduro… Quieren ponerme nervioso«. Estas presunciones son normalmente imposibles de ser sometidas a prueba. Han nacido de la intuición, las sospechas, dudas vagas, o a una o dos experiencias pasadas, pero siempre son, sin embargo, creídas.

            Las interpretaciones del pensamiento dependen de un proceso denominado proyección. Una persona imagina que la gente siente y reacciona a los pensamientos de la misma forma que ella. Por lo tanto, no se molesta en mirar o escuchar atentamente, ni se da cuenta de que realmente es diferente. Si una persona se enfada cuando alguien llega tarde, puede imaginarse a todo el mundo actuando así. Si alguien es muy sensible al rechazo, espera que la mayoría de la gente sea igual. Si una persona es muy estricta respecto a unos hábitos o rasgos particulares, asume que los demás participan de su creencia. Las interpretaciones del pensamiento pasan por alto conclusiones que sólo son verdad para sí mismos sin molestarse en comprobar si son apropiadas para el resto de las personas.

O sea, resumiendo, sin mediar palabra la persona sabe que sienten los demás y porque se comportan de la forma en que lo hacen. En concreto, es capaz de adivinar que sienten los demás respecto a ella.

            Dado que las personas siempre estamos comunicando algo a través de nuestro comportamiento debemos ser cautelosos con los demás. Por ejemplo: si llegamos a casa y no saludamos a nuestra pareja, nos sentamos delante de la televisión y fruncimos el ceño permanentemente… estamos comunicando enfado, disgusto, etc.. Debemos cuidar la comunicación verbal tanto como la no verbal. Por ejemplo, el mirar a los ojos, sonreír, buscar el contacto físico, la proximidad….

            La buena comunicación es aquélla que permite que el otro se entere de lo que queremos decir, para ello, debemos guardarnos nuestras interpretaciones de los hechos o gestos o inclusive de la interpretación o intencionalidad en ciertos comentarios, para lo cual debemos preguntar sobre el hecho y la intención de la actuación. Para ello, haga preguntas y sugerencias, no acusaciones, ya que las acusaciones ponen a la gente a la defensiva y raramente ayudan encontrar soluciones. No intentemos adivinar el pensamiento, las intenciones o los sentimientos de los demás, mejor preguntémosles por esos pensamientos, intenciones o sentimientos. Escuchemos a las personas cuando hablan, no las interrumpamos. Preguntemos a los demás que han entendido, ya que así podremos explicarnos con más claridad y evitar malas interpretaciones de lo dicho por cada uno. Preguntemos que podemos hacer para mejorar las cosas y olvidémoslos de creer saber que quieren o necesitan los demás.

LA FRUSTRACIÓN

  La frustración es toda situación en que alguien se ve impedido de alcanzar algún objetivo que se había propuesto. El impedimento puede ser externo, si es ajeno a nosotros e interno si es una incapacidad propia. Los impedimentos internos son los que pueden crear mayor frustración, al ser vividos como una sensación de culpabilidad. Son los que hacen a uno vivir más acomplejado y la sensación de incapacidad es un impedimento interno, actúa en forma de círculo vicioso: a mayor sensación de incapacidad menores resultados a la hora de solucionar problemas; y a menos resultados mayor sensación de incapacidad. En situaciones difíciles el inseguro responde con excesiva pasividad, esperando que terceras personas sean las que resuelvan la papeleta, o bien el paso del tiempo actúe borrando el compromiso. Teme cometer errores (prefiere no actuar), o busca culpables para sus equivocaciones. Le asusta asumir responsabilidades y correr riesgos.  En el otro tipo de frustración, el externo se trata de asumir, y aumentar los niveles de tolerancia a dicha frustración, y recapacitar, y valorar los sucesos como experiencias negativas, pensar para aprender y evitar situaciones futuras, en una palabra madurar, ya que el éxito de la solución del problema no dependía de nuestras capacidades. Tenemos que intentar conseguir, que estas personas, ganen conciencia de lucha, que muestren comportamientos activos y positivos ante las situaciones problemáticas, para así vencer esas situaciones de frustración. Hay que evitar las actitudes de culpabilidad, la confianza que alguien puede poseer en sí mismo se aprende a través del reflejo de la confianza que percibe de los demás. Se trata, que al aumentar la autovaloración se pueda evitar actuaciones que disminuyan su autoestima. Los mensajes de tipo culpante, aumentan su ansiedad y disminuye su rendimiento la culpabilidad es uno de los sentimientos más inútiles (culpable de lo que no tiene remedio, ¿para qué?), tenemos que limitarnos a sacar conclusiones para el futuro, es suficiente con mostrar lo que se ha hecho mal y animar a no equivocarse otra vez, pero sin inculparle ni echarle en cara los errores. Si inculpamos a las personas éstas aprenderán a inculpar. Existen tres tipos de culpabilidades: – Culpabilidad directa, consiste en frases como, eres un desastre, todo lo haces mal, no serás nada en esta vida, pareces más pequeño de lo que eres,… esto hará que se produzca un descenso de autoestima, por incapacidad, entonces aumentará la ansiedad. – Culpabilidad indirecta, consiste en frases de doble sentido culpante: avergüénzate cuando haces cosas mal, ya encontrarás lo que te mereces. Exigir a la persona cosas que no va a poder hacer, y así poder preguntarle un ¿por qué has hecho es todo? – Culpabilidad paradójica, consistiría en frases del tipo, puedes hacerlo si quieres (si no es porque no quieres), como mínimo inténtalo. Es espolear a la persona, para ver si reacciona. Para sobrellevar la frustración, de una manera mejor, hay que asesorar ante los obstáculos que tenga que enfrentarse, hay que dar información verbal no conductas de sobreprotección. Instar a la persona actuar por su cuenta y aceptar el riesgo. También ofrecerle una vía de escape por si no puede hacerlo, el fracaso no es positivo pero tampoco un drama. Es necesario aprender a convivir con el fracaso y aceptarlo como algo inherente a la esencia humana, hay que demostrar el interés en el esfuerzo más que en el resultado y esperar para prodigar de elogios apenas haga algo bien, aunque sea por casualidad, mostrar nuestra conformidad mediante el elogio, no se trata de exagerar despertando su vanidad.